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Frijoles a la Charra: La Receta Tradicional Mexicana Paso a Paso

- Recetas Saludables
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Que deliciosos son los Frijoles a la Charra!
Era un domingo gris de noviembre, de esos que calan hasta los huesos. La lluvia golpeaba la ventana de mi pequeño apartamento en la ciudad, un sonido que usualmente me relajaba, pero que ese día solo acentuaba el silencio. Llevaba seis meses viviendo lejos de casa, lejos de mi familia y, sobre todo, lejos de los olores que convertían una casa en un hogar. Miré el reloj: eran las dos de la tarde y mi estómago rugía, pero mi corazón sentía un hambre diferente. No era hambre de comida rápida ni de algo congelado. Era una necesidad visceral de calidez, de sentirme cuidada, de volver a ser una niña sentada en la cocina de mi abuela en el norte de México.
Abrí la alacena y vi una bolsa de frijoles bayos seca y triste en el fondo. Mi primer instinto fue ignorarla. «¿Para qué molestarse?», pensé. «Nunca me quedan igual». Pero entonces, cerré los ojos y recordé el humo de la leña, el sonido de la cuchara de madera raspando la olla de barro y esa mezcla embriagadora de tocino, cilantro y chile que definía mis domingos de infancia. Decidí que ese día no iba a comer sola frente al televisor algo insípido. Ese día, iba a intentar recrear la magia de los Frijoles a la charra, aunque me costara la tarde entera.
El fantasma de los domingos pasados
Todo empezó con la frustración. Unas semanas antes había intentado hacer frijoles. Los puse a hervir con agua y sal, y el resultado fue… comestible, pero desalmado. Les faltaba carácter. Fue ahí donde entendí que la cocina no es solo química, es alquimia emocional. Me senté en la mesa de la cocina con el teléfono en la mano y marqué el número de mi tía Carmen. Ella es la guardiana de las recetas familiares, la mujer que puede alimentar a un batallón con una sonrisa.
«Tía, me siento sola y tengo hambre», le confesé, con la voz un poco quebrada. «Quiero hacer los frijoles del abuelo, pero no me salen». Ella se rió, una risa cálida que casi pude sentir a través del auricular. «Mijita, es que seguro estás haciendo frijoles de la olla y ya. Tú lo que necesitas para el alma son unos buenos Frijoles a la charra. Esos no solo llenan la panza, esos te regresan el espíritu al cuerpo».
Me explicó algo que yo, en mi prisa de la vida moderna, había olvidado. Los Frijoles a la charra no son un acompañamiento cualquiera; son el plato principal de la vida de un ranchero. Nacieron de la necesidad de los charros, los vaqueros mexicanos, de tener una comida sustanciosa, llena de proteínas y grasa para aguantar las largas jornadas en el campo. No es comida delicada; es comida de resistencia, de fuerza.
Mientras ella me dictaba la lista de ingredientes, yo iba anotando frenéticamente en una servilleta: tocino, chorizo, salchicha, cebolla, ajo, tomate, cilantro y chiles serranos. «El secreto, mi niña, no está en el frijol, sino en la fiesta que armas alrededor de él», me dijo antes de colgar. Esa frase se me quedó grabada.
La danza de los ingredientes en la sartén
Salí bajo la lluvia al mercado local. Había algo terapéutico en escoger los ingredientes uno a uno. Busqué un chorizo que se viera artesanal, no de esos que son puro colorante. Compré tocino ahumado, porque recordé que el aroma a humo era vital para unos auténticos Frijoles a la charra. Al regresar a casa, mi cocina se transformó en un laboratorio de memorias.
Lo primero fue limpiar y poner a cocer los frijoles. Mientras el agua empezaba a hervir, me puse a picar. Aquí es donde la magia comenzó a suceder. Al poner el tocino en la sartén caliente, el sonido del chisporroteo rompió el silencio de mi apartamento. La grasa comenzó a soltarse, volviéndose transparente y dorada. En esa misma grasa, como me indicó mi tía, eché el chorizo. El olor… Dios mío, el olor. De repente, ya no estaba en un piso frío de la ciudad; estaba de vuelta en el patio de mi casa, con mis primos corriendo alrededor.
Incorporé la cebolla y el ajo al sofrito. Aprendí, casi a la mala, que el ajo se pone después para que no se queme y amargue el guiso. Ver cómo la cebolla se tornaba transparente y absorbía el color rojo del chorizo fue casi hipnótico. Luego vinieron los tomates y los chiles. Aquí hice una pausa. ¿Qué tan picantes los quería? Recordé que los Frijoles a la charra deben morder un poquito, deben despertarte. Así que piqué los serranos con todo y semillas.
Cuando los frijoles estuvieron tiernos (ese punto exacto donde están suaves como mantequilla pero no desechos), vertí todo el sofrito dentro de la olla grande. El cambio de color del caldo fue instantáneo. De un marrón pálido pasó a un rojo profundo, brillante y prometedor. Pero faltaba el toque final, el que mi tía llamó «la bendición verde»: un manojo generoso de cilantro fresco picado justo antes de apagar el fuego.
El primer bocado y la lágrima inevitable
Dejé que todo hirviera junto por unos veinte minutos más para que los sabores se «casaran», como dicen en mi pueblo. La espera fue la parte más difícil. El aroma había invadido cada rincón de mi casa, e incluso salía al pasillo. Escuché que alguien tocaba la puerta. Era mi vecina, una señora mayor con la que apenas había cruzado dos palabras en seis meses.
«Perdona, hija», me dijo tímidamente. «¿Qué estás cocinando? Huele a gloria bendita». Sonreí por primera vez en todo el día. «Son Frijoles a la charra, doña Marta. ¿Gusta un plato?».
Nos sentamos las dos en mi pequeña mesa. Serví los frijoles en tazones hondos, bien calientes, acompañados de tortillas de maíz recién calentadas. El primer bocado fue una explosión. No solo era el sabor salado y carnoso del tocino y la salchicha, o la cremosidad del frijol; era la textura del caldo, espeso y rico. El picante del chile serrano me calentó la garganta y, curiosamente, me aclaró la mente.
Vi a mi vecina cerrar los ojos mientras comía. «Me recuerda a la cocina de mi madre», susurró. En ese momento entendí el verdadero poder de este plato. Los Frijoles a la charra no son solo una receta mexicana; son un vehículo de conexión humana. Rompieron mi soledad y la de mi vecina en cuestión de segundos. Comimos, sudamos un poco por el picante, y platicamos hasta que anocheció. Ese vacío que sentía en el pecho al despertar había desaparecido por completo, reemplazado por la satisfacción de una barriga llena y un corazón contento.
Lo que aprendí en el camino
Esa tarde no solo aprendí a cocinar, aprendí sobre la paciencia y el respeto a los ingredientes. Preparar Frijoles a la charra me enseñó que los atajos en la cocina (y en la vida) rara vez llevan a resultados memorables. Si hubiera usado frijoles de lata, jamás habría logrado esa consistencia en el caldo. Si hubiera usado embutidos baratos, el sabor habría sido artificial.
Aquí te comparto mis lecciones más valiosas, esas que anoté en mi diario de cocina después de despedir a mi vecina, para que tu experiencia sea tan sanadora como la mía:
- El remojo es innegociable: Dejar los frijoles en agua desde la noche anterior no solo reduce el tiempo de cocción, sino que los hace más digestivos. Es un acto de fe: preparas hoy lo que disfrutarás mañana.
- La calidad del embutido importa: El 80% del sabor de los Frijoles a la charra viene de las grasas que sueltan el tocino y el chorizo. Busca calidad.
- El cilantro va al final: Si lo pones muy pronto, pierde su frescura y su color vibrante. Es el toque de vida al final de la cocción lenta.
- No sales antes de tiempo: Mi tía me advirtió que si ponía la sal al principio, los frijoles quedarían duros. La sal va cuando el grano ya reventó. Además, recuerda que el tocino y el chorizo ya son salados.
Incluso leí después en un artículo de Wikipedia sobre las variedades de frijol, y confirmé que el frijol Bayo o Pinto es el ideal para esta receta por su textura cremosa, a diferencia del frijol negro que es más terroso.
Preguntas que me hacen siempre
Desde ese día, me convertí en la «experta» en frijoles de mi grupo de amigos. Cada vez que hago una reunión, me piden que los prepare. Aquí respondo las dudas que siempre surgen, desde mi experiencia personal entre ollas y sartenes.
1. ¿Cuál es la diferencia entre Frijoles a la charra y Frijoles borrachos?
¡Esta me la preguntan mucho! La base es casi idéntica, pero la diferencia clave es el líquido. En los Frijoles a la charra usamos agua o caldo de pollo/res. En los borrachos, se sustituye parte del líquido por cerveza (usualmente oscura). El sabor de los charros es más «puro» a embutido y campo, mientras que los borrachos tienen ese toque amargo y fermentado de la cerveza.
2. ¿Puedo hacerlos en olla de presión o Instant Pot?
Siendo honesta, sí puedes y ahorras muchísimo tiempo (de 2 horas a 40 minutos). Yo lo hago cuando tengo prisa. Sin embargo, siento que el caldo queda un poco más ligero. Si usas olla exprés, te recomiendo que después de cocer los frijoles, hagas el paso de «casar» los sabores con el sofrito a fuego lento y olla destapada por unos 15 minutos para que espese.
3. ¿Se pueden congelar?
¡Absolutamente! De hecho, soy fiel creyente de que los Frijoles a la charra saben mejor al día siguiente (el famoso «recalentado»). Yo suelo hacer una olla gigante y congelo porciones individuales. Se mantienen perfectos hasta por 3 meses. Al descongelar, a veces necesitan un chorrito de agua extra.
4. ¿Qué hago si me quedaron muy salados?
Me pasó la segunda vez que los hice porque el tocino era muy fuerte. Mi truco de emergencia fue echar una papa pelada y partida en cuatro trozos grandes dentro del caldo mientras hervía. La papa absorbe el exceso de sal. Luego retiras la papa antes de servir y ¡santo remedio!
5. ¿Existe una versión vegetariana que valga la pena?
Es difícil porque la esencia es la grasa animal, pero tengo una amiga vegetariana y logramos una versión decente. Usamos chorizo de soya (que esté bien condimentado) y ahumamos el caldo con un poco de pimentón de la Vera o chile chipotle para imitar el sabor del tocino. No son los clásicos Frijoles a la charra, pero mantienen el espíritu de confort.
Conclusión: Un plato para volver a casa
Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que esa tarde lluviosa no solo cociné una receta. Recuperé una parte de mi identidad que sentía perdida entre el asfalto y las prisas de la vida adulta. Los Frijoles a la charra son humildes en sus ingredientes, pero ricos en historia y afecto. No necesitas ser un chef experto para prepararlos; solo necesitas paciencia y el deseo de compartir.
Si te sientes un poco perdido, con frío o simplemente con ganas de algo que te abrace desde adentro, te invito a que pongas esa olla al fuego. Escucha el chisporroteo del tocino, deja que el olor a cilantro inunde tu cocina y, por favor, comparte un plato con alguien. Porque la comida, al igual que la felicidad, solo es real cuando se comparte.
Referencias
- Larousse Cocina – Historia y tradición de los frijoles charros
- Gobierno de México – El frijol: un alimento con identidad mexicana
- Wikipedia – Frijoles Charros: Definición y variantes
- Nutrición Hospitalaria – Valor nutricional de las legumbres
🤖 Dato curioso: Este texto lo escribí con una IA
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Jesús García
Fundador de Casitodoonline, Desde hace más de 15 años me dedico a seleccionar suplementos de calidad y a escribir los contenidos de este blog, para ayudarte a entender y aprovechar mejor los beneficios de la salud natural.
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